lunes, diciembre 23, 2013

Vida que te quiero Vida

Gracias a Jehova por otro día mas de vida, por su amoroso amor, su bondad inmerecida, por todo lo que nos da y aun así queremos mas.

En enero próximo voy para dos años de vivir en España, nadie diría que seria fácil vivir sola en un país donde lo mas cercano seria tu esposo y su familia, que empezar a hacer amigos no venia incluido, pero asi se dieron las cosas, al empezar nuevas experiencias empiezas desde cero.

No todo ha sido difícil, lo mas fácil fue haber encontrado a los Testigos mas cercanos, siempre he leído experiencias de hermanos de como han llegado a la verdad y cuando dicen: -Mi primer contacto con los Testigos de Jehova fue..., que identificada me siento con ellos, porque mi primer contacto aquí fue una de manera especial, creo que ahí confirme que Jehova no me abandonaba y quería que tuviera una familia espiritual con la cual contar.

Ya serán dos años de asistir a mi congregación y ver los avances que he hecho en sentido espiritual y aunque muchas noches he llorado por la falta de mi familia, he podido sobrellevarlo al saber que cuento con otra mas aqui.

Las decisiones solo hasta un tiempo de haberlas tomado es que nos percatamos si hicimos o no lo correcto, siempre decia: -Cuando me vaya verán que..., y ahora entiendo que esas palabras me la decia a mi misma, -Cuando me vaya veré que... y lo que he visto ha sido muy fuerte que solo una persona con real determinación y confianza es que ha podido salir a camino.

No tengo problemas que se comparen a los que han pasado otras personas que han venido solas y han tenido que empezar desde cero sin nadie que les tienda una mano, pero aun así la adaptación cuesta, hasta tal punto que aun no logro dormir antes de las 3 am  hora que en país son las 9 pm y esto sucede porque de alguna manera mi cerebro sigue en mi amado país.

Pero lo mejor es que si estamos aqui es porque Jehova de alguna manera nos empuja a seguir adelante y una de esas maneras es con su organización, y gracias a el he disfrutado cada día y cada hora el asistir a mis reuniones, a tal punto que cuando no voy me siento débil, y es que ese estimulo, ese abrazo y ese Que bueno verte! me hace sentir lo especial que soy para Jehova, e incluso esos momentos en los que salimos a cenar o a pasar un rato con los hermanos me da vida y al volver a casa me acuerda que aunque este sola, en el pueblo de Jehova no lo estoy. Así que cuando me embarga la nostalgia recuerdo los cientos de brazos que Jehova ha puesto a mi orden.